lunes, 21 de enero de 2013

La golondrina

Se lanza sobre el vacío como si fuera un abismo de aire que la espera. El viento sopla fuerte desde el lado del mar y ella lo remonta batiendo desesperada las alas para subir. Las ráfagas atraviesan y separan sus plumas azul ultramarino y, mientras lucha contra la corriente, piensa que no hay sensación superior: el sol sobre su cuerpo, el viento diferenciado cada pluma: azul pftálico, cromo, francia, cobalto; la sal entrando como una molécula perfumada en su pico entreabierto, la arena copiando la sombra de su vuelo. Más tarde supera la brisa desatada y se deja sostener por el oleaje del aire hacia el celeste cielo estival, sabedora en la vida -la única que le han dado- de que no hay nada superior a haber nacido golondrina de mar.

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