viernes, 11 de enero de 2013

Mañana

Me despertó el sol por la ventana abierta. Dorado y redondo como un melón. Me quedé entre las sábanas, esperando que las ideas se fueran despegando, en ese momento de cuerpo puro, de piel abierta, de sensaciones vertiginosas y superpuestas. Luego recordé a Luca (9) ayer "Yo me enojo y le pego a Miranda. Después me arrepiento y le pido perdón, pero lo vuelvo a hacer". Pena de infancia y lo abracé. Una perra se ha instalado en la puerta de la casa donde vivo y cree que la adopté. Una gata también. Por alguna razón los animales me siguen. Me levanté, tomé café y yogur. Recordé que no había cenado y corté queso y pan. Después escribí, aún semidormida y con mi pullover rojo. Por la puerta, abierta de par en par, entraba la luz y una ligera brisa de mar. Me colgué la mochila y crucé el médano. La playa estaba amarilla y vacía. Solo unos barquitos en la arena. Saqué fotos. Compré un par de sardinas frescas para asar con limón y cilantro. Caminé hasta el infinito. Hallé perros en el agua, caballos galopando y ruinas de civilizaciones perdidas. Supe que estaba viva y me maravillé.

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