miércoles, 9 de enero de 2013

Nosotros, los volcanes


No es la primera vez que alguien me dice que soy un volcán.
Entonces pienso en cómo reescribir o no quién soy.
Y las palabras me despiertan, como siempre.
Un volcán arrasa ciudades.
Un volcán quema sembrados, bosques, plantaciones y huertas.
Un volcán es un río de fuego incandescente.
Nadie se acerca a su boca sedienta porque estalla.
A veces está quieto por años, por siglos, por milenios; pero es una quietud que despierta temores venideros.
Antiguas poblaciones durmieron debajo de su furia para siempre
Los niños que escribían en sus paredes quedaron bajo lava y se asfixió su sangre.
Curioso:
Yo no grito jamás si me peleo.
Trato las cosas en el límpido terreno de los verbos.
Con calma. 
Dejo amainarel viento.
No quiero lastimar ni que me hieran.
Muchas veces me callo y salgo a dar la vuelta hasta que el tiempo acampa.
Prefiero perder, marcharme, no dar batalla a menos que sea indispensable.
Y sin embargo soy un volcán, es cierto. 
Yo no espero que la vida venga a golpear mi puerta:
la busco, la enfrento, la tomo entre las manos, dejo que me chorree, me manche, me goce, me sacuda.
Dejo que me lastime, me marque, me suceda.
Que me hagan mella los hechos, los pensares, los sentires.
Que la emoción me surque, me atraviese, me penetre, me inunde.
Quiero oler, percibir los sabores, tocar, oír.
Ver todos los colores, sus matices y luces.
No quiero pasar indiferente entre las cosas, por mínimas que sean.
Es tan corta la vida, tan frágil, tan efímera, tan sujeta con nada  
que no vale la pena no bebérsela a tragos, 
no sentirla pasar , fresca, por la garganta, 
no quedarse mareada de tanto haber bebido.

Un volcán es también un centro de secreto,
una dulzura líquida,
un corazón atrás de una dureza,
un sitio al que llegar con un pequeño esfuerzo,
Un volcán es algo que se abre, se desliza.
Un volcán...
   
           

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