miércoles, 16 de enero de 2013

Papá

Te escribo porque no conozco otra forma de evocarte; porque hay algunos días en que me gustaría que estuvieses sentado conmigo como aquel día en el Sur, frente al lago, y me explicaras otra vez aquello que me decías a los 20.  Te miraría tus grandes ojos grises buscándote el corazón en las pupilas, papá. Y lloraría... lo sabés. Y me dirías que ni vale la pena, que juntemos leña porque a la noche viene el frío, que me prepararás tu sopa de cebollas y que vamos andando. Eso, papá, dame la mano y vamos andando.

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