martes, 22 de enero de 2013

Sufijación

En su boca las palabras se demoran sin saber qué camino elegir pero, cuando las deja ir, están frescas y nuevas, como si ese titubeo lingüístico, esa duda entre el ropaje de un idioma u otro las hubiera dejado desnudas para  cargarse de otra significación. Los fonemas se deshacen encadenados en un sentido inédito que los hace estallar y me rodean para morder mi atenta percepción con aromadas ideas que intuyo como si fueran besos húmedos sobre mi piel. Primero leves, luego en un hilo que engarza joyas pronunciadas en tiempos inmemoriales, es decir, ayer. Y cuando los sufijos se le anudan y lo deseable (esa condición inherente del otro que solo existe en función de un yo deseador) se superpone a lo deseado (eso que existe como ejercicio del yo deseante sobre el tú que lo provocó); cuando los adjetivos intercambian y mutan en el juego verbal el sentido bidireccional de la seducción, yo solo quiero que me siga hablando hasta acabar.

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