martes, 29 de enero de 2013

Sus palabras

Entra la hora matinal como una ráfaga y vuelvo a sus palabras: el reverbero de su frescura silábica en mi espalda. 
Vuelvo a la luz que brota de sus letras -al esfuerzo que dice tener al construirlas como si fueran casas sostenidas en el acantilado abismal de una frase- y la ventana se enciende de una luz amarilla, vívida, sutilísima, que derrama los pájaros de cada amenecer sobre mi cama.
El tiempo es relativo. Hubo siglos vacíos que duraron lo que una burbuja y días -algunos pocos días- que son conglomerado donde se superponen las risas, el agua, la tierra que huele a madrugada, el cielo imposible de azul y siestas que embriagan para siempre.
Sus palabras atraviesan mis vidrios, se posan en mis hombros y me cantan con su voz masculina para que yo vuelva a dormirme y lo sueñe: como si hubiera sido desde hace muchos siglos.

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