miércoles, 30 de enero de 2013

Tiempo y espacio

Voy a sentarme en el umbral para contar las horas.
Con mi vestido de flores veré pasar los autos, los vecinos, los pájaros, las frutas que lustran en el negocio de enfrente, las calles que se doblan y retuercen, el farmacéutico que mira a las mujeres desde atrás de su reja, el cuidador del garage que conversa con otro sobre política o fútbol, la ballena rosada perseguida por un oso violento,  los chicos en bicicletas azules, los perros con correa y los que andan sueltos, las madres con carritos.
Veré pasar las horas, como un volcán de minutos sudados.
Veré pasar el día de hoy y el feriado.
Entraré a la cocina, cocinaré, haré levar el pan que es como sucede el tiempo.
Dormiré, despertaré, diré que es un calor imposible y sabré que no es cierto, porque la temperatura y su bofetada estarán allí, entre mis dedos.
Saldré, regresaré cargada de tomates, de berenjenas, de ajíes, de ciruelas.
Comeré algunas cosas, beberé en algún vaso de vidrio color fucsia.
Y le diré a mi cuerpo que ya llega la lluvia, que caerá el viernes, en otra geografía, por supuesto. Que mojará mis piernas, mi vientre, mi cintura; que anegará mi espalda, mi nuca, mis cabellos; que pintará de perfume mis brazos, mis párpados, mis labios.
Y le diré a mi alma que el espacio y el tiempo son intuiciones puras. Solamente.
Y ya cae la lluvia y empapa mi vestido de flores.
Y estoy de pie sobre una tierra verde.
Mojada, perfumada, y enredada en tu abrazo.

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