miércoles, 27 de febrero de 2013

Amanecer

En la intemperie las palabras son estrellas, lazos de agua tendidos en el filo del cielo negro, y la luna, un hondo ojo blanco. Sobre el ritmo del corazón, que camina encendido, lo digo en voz alta para que mi conciencia se haga cargo del vacío del día. Te nombro y trazo un puente sostenido por verbos que se llenan de burbujas y lluvias. Mi espalda se hace selva, coronada por el abismo del omóplato que hiciste tuyo; y paseo por el vestíbulo del día hasta la puerta cancel de los abrazos, entornada que está. Los grillos ya se durmieron y el sol abre sus párpados con un chorro de lumínica leche. Tiendo la mesa y aliso con las manos los manteles y la brisa que corre. La lengua habla movida por el amor. Y la vida revive en el viaje que espera en la orilla del tiempo para ser. 

1 comentario:

Spaghetti dijo...

Hay más vida en tus hermosas palabras que en todo el acuático oleaje que nos mece.
bssoss musa

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