martes, 5 de febrero de 2013

La golondrina le habla al curador

Para usted, solo para usted.

Los libros no leídos.
La música escuchada.
Los besos concedidos, los atrapados, los estampados.
Los abrazos partidos, ceñidos, alejados.
Las mujeres perdidas, olvidadas, halladas, extrañadas.
La comida tendida.
Las palabras fluidas, profundas, dispersadas.
Volar es condición del alma.
Nada tienen que ver las páginas, ni la nostalgia de lo que no se hizo.
Las golondrinas migramos los domingos por la noche con el ala herida: es un vuelo que abre el cielo en dos, de Sur a Norte, sobre las avenidas, las calles, los jardines: desear quedarse donde la vida es calma y la herida se cierra. Nadie nos enseñó a desplegar las alas: en ningún libro decía cómo era que se hacía para que el cuerpo flote y se desplace batido por las plumas.
Sucede.
Yo lo he visto cuidar, reír, jugar, colocar su deseo como si fuera dueño de todas las instancias: las formas de su vuelo.
Canta su alma en cada amanecer que se espera sea límpido mientras la hierba crece, olorosa y verde.
En sus manos de nido, mi cuerpo azul se estremece y baila.
Y si el aire le llega a preguntar adónde quiere llegar, contéstele como el gato de Cheshire a Alicia: Siempre se llega a alguna parte si se "vuela" lo suficiente.

1 comentario:

Spaghetti dijo...

EL curador necesita ese precioso canto de la golondrina, y ella necesita cantarlo al curador para que nada se pierda en su vuelo soñador.
Tus palabras estremecen, emocionan entretienen el alma en un limbo, golondrina soñadora.
bssoss

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