miércoles, 20 de febrero de 2013

Lectura/Escritura

Barthes dice que leemos para saber que no estamos solos.
Soy una persona solidaria.
Me gusta que la gente tenga oportunidades de ejercitar actos voluntarios, es decir, acciones que no se derivan de ninguna coacción exterior y nacen de su propio deseo, ejercido en libertad y a conciencia.
Lo hago solo porque la misma regla rige para el acto de escritura.
Todo escribir tiene algo de exposición y despellejamiento. Enunciarlo resulta un pleonasmo.
El grado cero es solo una neutralidad aparente. No seamos idiotas, o al menos, fijamos parecer inteligentes de vez en cuando.
El que toma el trompe-l'œil para avergonzarse de su propia  realidad está leyendo en un sentido equivocado.
Más allá o acá de la catarsis, más allá o acá de la objetivación de los estados interiores: el texto es una superficie trabajada a partir del artificio, que nunca es inocencia sino efecto perseguido.
Acá deberíamos empezar a hablar de la interpretación que, en materia literaria, viene a ser como la de los sueños. El narrador se enamoró de Faustine que solo era una proyección de Morel. Hay que empezar a leer de otra manera: si no nos ataca el sufrimiento que, seguramente, ha de tener otras razones que escapan al texto y la escritura. Como Morel, que proyectaba.
Tanto la lectura como la escritura son actos sustitutivos. Lo curioso es que el participio latino de "legere" (leer) es "lectus", vocablo que también denomina al lecho.
El resto corre por cuenta propia.

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