viernes, 1 de febrero de 2013

Primordial

De todo se sale.
A todo se entra.
Y el corazón es ese músculo que bombea sangre e irriga viento.
Tengo un secreto que no voy a decir.
Y una llave para guardarlo.
Hay aire entre los huesos y se escurre como el agua del estanque donde flotan los veleros.
Yo miro más allá.
Veo el futuro, pero, como Casandra, suelo no creérmelo.
 Pongo café en la taza y lo revuelvo.
El reloj se deshace de horas.
Dice la superficie del tiempo antes de atacarla con sus cuchillos de hielo.
¿Quién era yo?
Ya no puedo recordarlo excepto en la piel que me escribe con tinta un nombre.
Ahora el calor es un perro que ladra con insistencia y nadie le abrirá la puerta.
Paso mi mano por su lomo ardido, pero no se calma.
La tierra llama por una campana de agua, pero su eco se pierde en la enredaderas lejanas.
He comprendido hoy la sutil extrañeza del silencio,
no obstante voy a poblarlo de sílabas brillantes
porque me he tallado el alma a dentelladas.
Sola.
De soledad primordial,
según alcanzo a comprender.

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