Sin escándalo

Sin raíces ni ramas, intento darme sombra para que el sol no me queme. Al final del desierto devoro unas hierbas y me siento ancestralmente sola. Me miro los pies, las piernas, el vientre, la cintura y el pecho; y querría mordérmelos hasta llegar al centro a dentelladas y extirparme el corazón. Quizá entonces podría seguir mi sendero sin escándalo, lejos de todas las zarzas que me arañan. 
Me canso a veces y me apoyo sobre una roca a ver el mar que se desarma. Como las lágrimas.

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