domingo, 17 de febrero de 2013

The Cloud

No se mueve el aire y los pájaros vuelan sobre el sonido de las cigarras. Todavía es verano y hace calor. La lluvia se hace desear. Tejo hilos con puntadas de verbos. Son piedras de colores abrochados en el borde de la oración. Como loca, una hormiga se desplaza entre las teclas y se debe sentir Teseo en el laberinto de Asterión. La soplo para que pueda salir y me creo Ariadna. Los pasos necesarios que se deben dar. A mi izquierda, está el mundo sin vos; a la derecha, sé que estás, más allá de esta escalera en la que me he sentado a escribir para alcanzar a los verbos que pespunteo con mi hilo de teclas en las que otra hormiga se ha vuelto a perder. Si levanto la vista, veo un pájaro nadando a través del aire dilatado por el calor. Pasa un carro con un caballo y oigo la percusión de sus cascos contra el asfalto desaparecer en la esquina que todavía es de tierra. Hay cuatro columnas de madera y yo elegí esta donde apoyarme para escribir. Ahora él riega y me habla: su voz tiene aroma a tierra mojada y sus verbos crecen desde ahí. Espera que su regada invoque la tormenta y llueva sin piedad. Acá todo está lejos de la ciudad a la que en este atardecer deberé regresar. Es difícil pensar una larga semana de cinco días y un océano de 23 kilómetros más allá. No hay apuro, pero siento el tiempo caer hacia un crepúsculo violeta. Cada hora se cierra sobre sí misma y nos acerca más. Algunos autos rozan la acera y recuerdo que me hablaba de lijas 1200 o algo así. Las chicas de Letras siempre estamos dispuestas a dejarnos maravillar: en los talleres y ferreterías hay un universo de hombres que nos gusta observar. Hay sinfonía de mundos que flotan por ahí como magníficas pompas de jabón de lavar. En un rato tenderemos la mesa y el domingo alcanzará su almuerzo de mantel y girasol. Miro a través de los palos borrachos su gigantesca copa de flores carnosas y unas delicadas flores violetas un poco más acá. Las glicinas se enredan en las rejas y pienso en este texto fragmentario y materialmente inmaterial. Así se siente también.

1 comentario:

Spaghetti dijo...

Por lo que te sigo, veo una extraña influencia mitológica en tus últimas entradas, y es algo que me fascina.
Por otra parte es como si escribieses en una carrera con el pensamiento, a ver quien llega primero al papel! jajaja
Leo todo lo que escribes aunque no siempre te lo diga...y me gusta.
bssoss

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