martes, 12 de febrero de 2013

Una chica de Letras (de uso personal)

Hay una chica de Letras en mi cuadra que llora con las películas de amor donde el muchacho muere, se viste con vestidos de colores y come pastillas de menta en cualquier momento y ocasión. Las palabras que le dicen se le quedan colgando de los ojos como si fueran lágrimas cuando debe partir, pero se va; porque ella cree siempre saber lo que se debe hacer. A veces parece confundida y temerosa; y no se le da por creer demasiado en cómo deberían funcionar las cosas. A ella le basta con que el corazón no le quepa en el pecho, con que las oraciones se le pueblen de sentidos insólitos, con que la vida finja parecerse a los libros, con que la acaricien como si fuera de vidrio delicado y le digan que escribe más lindo que todas las demás. Esta chica de Letras tiene relatos guardados y los suele contar sin que se los pidan. Le gusta que la ovillen, que la plieguen o la desplieguen, que le hagan marcas para recordar dónde iban leyéndola, que la besen buscándole las declinaciones que alguna vez supo recitar, que la atraviesen con lenguajes alados y le digan lo que, pese a todo, ella no quiere oír. Cuando detiene su cabeza, el mundo entra en una mágica suspensión y a su alrededor pueden cantar las golondrinas que vienen de Etiopía, florecer los almendros con flores de color miel y hasta un hombre podría colocar en su regazo unas uvas maduras para que ella las coma de a una por vez; pero, a diferencia de aquel personaje de novela, ella las apura solo para vivir. Si ella es tu chica de Letras, podrías considerarte afortunado. Quizá no lo sabías y la estabas buscando. Sería bueno que tengas en cuenta que ella simpre te anduvo buscando por ahí. .

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