Destino errado

Triste iba.
Ella.
A su desolado destino de madre huérfana.
Preguntándose en qué se había equivocado.
Deseando saber cuáles eran los pasos y desatar el nudo.
No me hables.
No.
No roces siquiera el centro calloso de esta pena.
Una boca sin palabras ni algodones.
Solo soy la que estuvo, dijo y se marchó.

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