En el borde

Ella cerró los párpados para pensarlo. En el borde de su memoria volvieron a crecer las enredaderas fragantes como cintas, un cuenco de vidrio donde sumergir el cansancio y salir como nueva. Pensó que iba a llover, que los dioses estaban siendo generosos con tanta agua. Pensó en la  tierra verde y la costura voladora de los pájaros. Vio, en el revés de sus pupilas, noches  de proximidades infinitas y supo que se atragantaría de risas y de perfume a casa. Cuando abrió los ojos, él ya estaba mirándola.

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