jueves, 14 de marzo de 2013

Errores

Sos mi única familia, dijo. Y ella, entonces, lo miró. Porque había estado trajinando en la cocina mientras él hablaba. Lo miró y pensó en su historia -la de ella y la de él juntos, la de cada uno-. Pensó en ese monstruo social denominado familia, en los lugares que cada uno había ocupado y ocupaba, en los que podían elegir dónde pararse y en los que venían con un sitio asignado y cada milímetro de corrimiento les era cobrado con sangre, sudor y lágrimas. Pensó en los que podían invitar a cenar con la liviandad de un evento extraordinario y los que se comían juntos las dificultades cotidianas. Se sintió sola -adultamente sola- como siempre, desamparada en esto de sacar adelante, vacía en esto de recibir atenciones y cuidados de aquellos a los que atendía y cuidaba. Extrañó a su padre, que hacía veinte años que no estaba. Recordó imágenes, pretéritas y pavorosas, de las que supo desprenderse para ser madre y antes de verlas sintió que ella misma se había equivocado. Sos mi única familia, repitió él. Y ella supo que lo mejor que podía hacer era volver a decir lo que venía diciéndole y entonces abrazarlo. Vivir es más complejo que una sola palabra.

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