lunes, 25 de marzo de 2013

24/03/13: De parto

Había estado inquieta toda la noche buscando el sitio. Iba y venía, se lamentaba, rascaba la puerta con su pata y tenía esa mirada traspasada de negrura que una no sabe si es tristeza o una sabiduría que viene de tiempos incontables. La dejamos entrar y dio a luz: ese acto incomprensiblemente hondo que es pasar de la oscuridad cerrada del vientre a la apertura luminosa del día. Y era 24. El día tan triste de la historia empezaba con el misterio del nacer, de la vida que empuja y sale envuelta en una bolsa. Y una, que mira al lado eso que está sucediendo y acaricia la cabeza suave de la paridora, no puede menos que dejar que el cerebro conecte los sucesos y el corazón se conmueva. ¿Está vivo? Inmóvil, la cría reacciona al lengüetazo que la libera, la zarandea, la hace respirar; y repta -ya repta- buscando el alimento. Y entonces una piensa que vivir es buscar el alimento: el que sea, el que se necesita, el que nos fortalece y nos hace más dignos, más enteros, más libres. Y entonces, pequeña paradoja de la fecha, empezar con la luz de la vida: hecha con sangre, líquidos, gemidos; hecha con aire nuevo, con ternura infinita. Después, entonces, nos fuimos a la Plaza; porque hay que festejar que nadie nos venció y seguimos pariendo para que la alegría  se abra paso desde la oscuridad hacia la vida que dura para siempre.

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