sábado, 16 de marzo de 2013

Otoño alterado

Hay un aire dorado de tarde en principio de otoño. Una luz de fragmentos que zozobran con el sol y lo queman. Escucho unas voces que hablan; mientras yo adapto Homero y los aqueos están siendo vencidos por el capricho de un Aquiles que se niega a acudir a la guerra. Agamenón se revela como un jefe cobarde y todos esperan que se muera Patroclo para quemar a Troya, la de las gruesas murallas. Oscurece un poco más temprano, apenas para que sea más íntimo el momento. Miro las sombras que llegan trepadas a los árboles, agazapadas como panteras por los techos, con zarpas que se toman de todos los tejados y saltan sobre las horas desprevenidas que no comprenden por qué si es verano. ¿Dónde quedaron las aguas de frescura azulada, la luz como una mano calcinada que me toma la nuca, el sudor del abrazo? ¿Cuándo cambié el deseo del hielo por el fuego y la voz que se hace delgada y transparente debajo de las mantas? A veces desearía que marzo durara para siempre.

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