miércoles, 6 de marzo de 2013

Para ser pájaro o de cómo volar

Hay que desnudarse el alma a lengüetazos y enfrentarla a la madrugada con ramos de relámpagos.  El instinto debe mudarse de transparencia para herir el aire y avizorar las nubes como si fueran párpados dormidos. A veces una chispa negra nace en medio de la harina lunar y se produce un salto: en esos casos es necesario danzar con los pies descalzos para siempre y deambular en busca de la lluvia por caminos inéditos. Los laberintos del amor son propicios para la alquimia de las plumas: espasmos cristalinos de colores en el sudor adosado a los poros como otra piel. Y un día, en el hiato sorpresivo de una palabra, se vuela hacia el corazón.  El deseo está libre y se enreda en la nuca bajo la forma traslúcida de un beso. La luz hermana la dimensión del vuelo y crece en alas desmesuradas. Alguien entorna los postigos para que los perros dejen de ladrar.

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