viernes, 15 de marzo de 2013

Poderes

Súbito poder de la palabra
que deja ver el alma que la llena,
que deja ver las manos que la acunan.
Y ella desviste el rito,
lo amansa con su boca de muralla
hasta que cesan los pájaros milenarios de la furia
y lo que quedan son gotas transparentes
donde transcurre el verbo de las tardes de invierno.
Algunas melodías olvidadas,
el recuerdo de un niño que se ha ido,
unos días de agosto,
la risa pese a todo,
lo que de malogrado tuvo el relato este,
lo que tuvo de luna,
también de barrilete.
Eso que forma el charco donde corren las nubes.
Y el amor que perdura,
cristalino como una madrugada
y oscuro como un domingo perdido

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