domingo, 3 de marzo de 2013

Un hombre con el corazón a la altura del horizonte

Solo por dar alguna clase de explicación

Cuando una, por la mañana, se levanta y se mira al espejo, antes de comenzar, ¿qué busca?
Cuando el día continúa y las cosas se enredan, se arman y desarman, ¿qué busca?
Cuando al volver a casa, vamos pensando en los pasados que sacamos a airear y nada nos parece que pudiera suceder, ¿qué busca?
Cuando las cosas se malograron muchas veces y la pena ya nos tomó del cuello para hacernos caer, ¿qué busca?
Cuando la noche es una honda piscina de silencio donde quedamos boqueando sin poder respirar, ¿qué busca?
Entonces una va como una enajenada contando las baldosas, sabiendo que se miente, que hay algo que es  abismo de vértigo y vacío y que ya pasará.
¿Qué busca entonces?
No lo puedo saber.
No puedo recordar qué buscaba entonces porque ese momento pertenece a un ayer que no está.
Las mujeres como yo buscamos hombres que sean como vos: con capacidad de nido, de orilla, de tormenta, que sepan vaciarse y volverse a llenar; hombres con ojos luminosos que tengan un lado de oscuridad, con almas de piedra y de agua, con relatos que muerdan como perros rabiosos a la luna, hombres que nos sepan alzar y cargarnos cuando se les dé la gana, que no se empecinen en sostenernos ni que intenten enseñarnos a andar; hombres que salgan a cazar y no nos digan ni siquiera que se van y que vuelvan hambrientos para abrazarnos mientras cae la nieve detrás de un ventanal.
Las mujeres como yo buscamos hombres que vean a través de la lluvia, que hablen de violines y de fuegos; que nos pregunten por nuestros pasados hasta ahí, que nos toquen y en sus manos regrese el calor del hogar que nunca supimos habitar. 
Y no hay razones que pudieran explicarlo: yo te busco porque tenés el corazón a la altura del horizonte y presto a volar.

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