Zurcido

Alcanzo a quererte en la distancia y la espera;  y es un manantial de fuego que no apaga la lluvia.
Detrás de los cristales encuentro el reflejo de tu mirada y el frío de la mañana se hace habitable y pasajero.
Los libros, la tinta, los colores: todo se inunda de vapor sabatino.
Doy los últimos pespuntes a esta semana para que el hilo zurza el desgarrón y continúe la vida familiar que yo contengo.
En el tablero las piezas viven reacomodándose.
Te extraño y eso me acompaña.

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