jueves, 4 de abril de 2013

El agua

La lluvia es eso que te moja. Con liviandad, una piensa en el asfalto resbaladizo, en la piel temblorosa, en los ojos cerrados. Pero entonces se multiplica, cae con furia en los cuerpos de los mismos de siempre, los que pagan y pagan cada vez que les cobran que es todas las veces porque, pareciera, que vinieron al mundo a ser cobrados, azotados; y los barrios se anegan, forma elegante de decir que el agua los tapó, los ahogó, los mató como mata el agua: de podredumbre, de hastío de miseria; inundándolo todo con su paso de furia, desbordando los sueños que se hinchan de podredumbre y se dejan estar, a la deriva. Siempre es lo mismo. El mundo cambia poco. Algunos se llenan la garganta de palabras y cuando dicen les salen unos verbos desinflados que no amparan, no secan, no calman. A mí, que duermo calentita, que tengo mi plato de comida, que solo saqué unos pocos baldes y tuve luz y gas y teléfono, me resulta obscena la máscara con que algunos se adornan al salir a la calle. Y no es cierto que sea la hora de dejar la ideología fuera: esto sucede porque hubo un tiempo en que murió la ideología: que es lo mismo que decir que triunfó la ley del más fuerte, ese que no se inunda y mea a los que tiene abajo. Eso es política pura. La lluvia también cae injusta. Siempre. Es hora de cambiar: no la lluvia; sino la condición de los que viven de agua en agua.

No hay comentarios:

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...