sábado, 13 de abril de 2013

Por qué te quiero

Te quiero porque hay sol o lluvia, porque los choclos se volvieron repentinos y amarillos, porque la risa es infantil y abunda. Te quiero por los besos, los abrazos, por la distancia exacta, por el ovillo nocturno y las caricias. Te quiero porque barro las hojas y parece que llegará un zapallo convertido en carroza, por el oso que baila con el anillo en la nariz cuando me hacés oír esta canción. Te quiero por la pescadería y pensar en cocinar cada día, porque amaso y me regocija la harina, porque meto las manos en el agua y está fría como en una montaña. Te quiero porque cantás boleros, porque traés historias y me mirás si rallo zanahorias; porque algo pasó y nunca tuve miedo, porque sos algo así como mi casa -ese lugar en que soplan los vientos del invierno, pero se está caliente y segura y contenta-, porque miramos películas de lágrimas y nos abrazamos para que pasen pronto, porque aceptaste mis dolores y yo misma he dejado de pensarlos, porque es siempre un juego estar con vos, treparme como un mono a tu cuello y enlazar mis piernas en tu cintura cuando llego, porque mi cuerpo es un pájaro liviano y cabe sólo en el hueco de tu sueño. Te quiero por todo eso; y porque te quiero.

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