domingo, 14 de abril de 2013

Verdes

Fue sangre y un río de agua y viento en medio de los huesos mientras yo te escuchaba y vos hablabas. Después la piel se llenó de líquenes que nos creían en las yemas y lloré lágrimas de jade porque nos íbamos poniendo verdes: nilo, hoja, aguamarina...esperanzadamente verdes como brotes de lluvia que se llenaban de sol en el domingo espléndido. Mi corazón bailaba en el hueco de tu palma y le soplabas aire para que se encendiera en tus sueños. Y danzara como una bailarina de esmeraldas y plumas. Me desnudé las pieles sucesivas hasta quedar en carne viva, pero no me importó porque, en tu abrazo, la luna no podía lastimarme con su luz poderosa. Al final, cuando los perros callaron sus aullidos, me miré en tus ojos y seguíamos verdes: hierba, árbol, pozo umbrío. Entonces supe que te amaría para siempre mientras tuviera vida.

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