domingo, 26 de mayo de 2013

2003- 25 de mayo- 2013/ Carta para Julián

Julián: En tu memoria todavía debe estar aquel otro 25 de mayo cuarenta años atrás. ¿Te acordás? Éramos tan jovencitos: vos tenías 15 y yo apenas 13. Te dije ese día que me faltaban dos meses para los catorce. ¿Recordás que había mucha gente? Mucha. Era como una enorme ola de personas que se movía como si fuera un gran corazón, de un lado a otro de la Plaza. Una Plaza que todavía no era de las Madres. Una plaza que tu mamá, Amanda, aún no había tenido que conocer.  Ayer fue 25 otra vez. Como todos los años, dirás. Claro, como todos los años. Pero ayer estuvimos otra  vez allí. Éramos cientos, miles. Éramos miles de cientos. No cabía un alfiler. Había adultos, de la misma edad que yo y más grandes también. Había jóvenes y muchos pibes. Muchos, Julián, y los pibes bailaban y cantaban. Y sabés qué: ahí, entre ellos, que zarandeaban sus banderas y se reían; yo te vi, enterito, como eras antes del 76, con tus ojos azules y tu polera negra. Te vi bailar y reír entre ellos, te vi gritar que se iba a armar quilombo si la tocaban, te vi darle al bombo con furia y con entrega. Habías vuelto y estabas entre ellos porque eras un pibe cuando te llevaron, así que ¿dónde ibas  a estar si no entre los miles de adolescentes de La Cámpora, de Unidos y Organizados, del Evita...? Yo estaba  caminando por avenida de Mayo hacia una Plaza a la que no pudimos llegar porque entre cuerpo y cuerpo era imposible abrir una brecha.  Entonces me paré en medio de la calle y me quedé a mirarte. Estabas tan lindo que te hubiera dado un beso. Pero, ¿qué ibas a pensar de esta señora grande abrazando, de pronto, a un pibe de 18?  Los muy salvajes creyeron que secuestrándote, torturándote y tirándote al mar te desaparecían. Y vos ahí, lo más campante, con las mismas banderas, con las mismas ideas, con la misma carcajada, con los mismos abrazos a los compañeros. Entonces, los ojos se me llenaron de lágrimas. Y Claudio, como si intuyera lo que pasaba por mi cabeza y mi corazón, se acercó y me dijo: "Si lo viera Julián!" Sonreí y seguí caminando junto a él mientras pensaba que, esta vez, no pasarán.

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