jueves, 23 de mayo de 2013

La mar

Mi cuerpo es una barca que se mece en tu ferocidad. A dentelladas vas atrapando los peces que derramo y arde la sal como una blanca ola de espuma que me llena. Medusas de colores imposibles atan tu boca al pliegue en que me dejo llegar, doblada en mí como una oculta corriente subamarina. Los pulpos de tu mano bajan vértebra a vértebra y clavan sus tentáculos en arrecifes de coral temblorosos. No hay navegación que fuera tan perfecta y, Odiseo, emergés de las islas que fueron rocas sembradas por los dioses en el mar de la historia para llegar al palacio donde soy Circe, la encantadora; Calipso, la inmortal, y la fiel tejedora en el lecho de Olivo. Mi cuerpo es una tierra que quedó sumergida y hay frescas manzanas que crecen, doradas, bajo el mar. En las redes tendidas de tu sombra, me hablás para que aprenda a amar.

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