miércoles, 12 de junio de 2013

Magnolia

 Dormir en el sur con las magnolias que no dejan de crecer cuando no las miramos. Ellas se empecinan en desplegar su carne color hueso debajo de la lluvia que cae: un agua estrepitosa que miramos con los ojos entrecerrados y la respiración profunda que nos lleva. Junio es un mes que debería ser helado y sin embargo tiene la tibieza de las magnolias debajo de la lluvia: se abren como trompas de blancura y un perfume prehistórico nos llena de recuerdos. Hablamos bajo para que tiemblen suavemente de palidez sus pétalos desnudos. Nos enredamos en las vocales de sus carnales nombres.
Y dejamos que llueva en el borde mojado de la selva. Luego amanece y el sol se filtra entre las hojas verdísimas y nuestros párpados se abren como labios del día que comienza. Nuevamente el resplandor de las piedras que cantan y las túnicas que caen desde los huesos que crecen como sostén del tiempo.

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