miércoles, 19 de junio de 2013

Hago cosas pequeñas

De vez en cuando algún chico descubrió una palabra en mi clase y sonrió.
En una oportunidad una maestra me agradeció las puertas abiertas de un poema.
Supe sacar esa fotografía.
O contar aquel cuento.
Conseguí el punto exacto de acidez en una torta de limón.
El papel maché me fue fiel una vez.
Unos chicos plegaron mil grullas y las hicieron volar hasta Hiroshima.
Leí un libro y lo empapé con lágrimas.
Bailé y me dolía el cuerpo.
Supe mirar a la muerte cara a cara y perdí.
Las ninfas me conversaron en los ríos y tenían largos cabellos mojados.
Escribí cuando el vértigo me arrasaba.
La locura trazó una línea roja y la quebré con voluntad.
Dije que no y muchas más veces que sí.
Conocí cuatro veces el amor.
Tuve a mi hijo en el pecho y le susurré palabras de amor.
Aprendí la paciencia que me enseñó mi padre.
Le vi las alas a los ángeles y a las hadas,
Habité en cocinas que eran palacios cuando las prendí.
Conocí buenos hombres y de los otros.
Tuve amigos que me arroparon en las noches de invierno.
Un niño me regaló todos sus secretos mientras ponía su cabeza en mi regazo.
Comí frambuesas con mis hermanos junto a un lago del sur.
Antes o después dormimos en lo altísimo de una montaña los tres. 
A veces los lápices de colores me pintaron una historia.
Abrí libros que eran escaleras para bajar al mar.
Cargué plumas con tinta solo para verlas deslizarse en el papel.
Hice sonar una cajita de música para no olvidar que fui una niña solitaria.
Apoyé mi boca en tu espalda y te besé.
Jugué con mis sobrinos y los aupé.
Entre tantas cosas pasó la vida y me supo bien.



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