Nadar

Nadamos en el tiempo, ese órgano pasivo que se mueve como si fuera agua y no es más que el pensamiento de un sentido encerrado en algunas palabras que bajo el agua en que nadamos pronunciamos. Es la boca de la belleza con sus hilitos de alegría que zurcimos en la azul inmensidad. Después me río y los cristales unen sus pedazos de arena transparente. El número de sílabas teje una fábula de oro que nos seca en la orilla del abrazo errante de toda la hermosura y más.

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