Pulgarcito

Cuando el domingo se dobla, se instala la nostalgia como un crepúsculo incendiándose, de a poco, sobre las huellas de los días. Mis cosas deambulan como maletas al filo de la noche y los territorios derrapan su impertinencia inoportuna de charcos que no me pertenecen y en los que ahogo mis deseos. Voy y vengo en las horas que quedan, ahogándome en coloraturas púrpuras y delicadas como aleteos. Mi cuarto ha quedado vacío de memorias y ya no sé muy bien adónde estoy. Como Pulgarcito dejo migas que se han llevado los pájaros. El bosque es una boca ancha que no me deja en ningún lugar.

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