Sábado de espera

La radio habla.
Es la única voz que suena en la casa, desierta como el Sahara al anochecer.
Trabajo.
Con las palabras.
Que es mi forma de ganar el pan.
El sol está en el jardín y la pava, en el fuego.
Pienso en que andarás trepado a algún techo -quizá no, pero deseo imaginarte así-; y recuerdo que debo ir al mercado, cocinar, y esperar que llegue el mediodía y te traiga a casa otra vez.
El sábado también aguarda junto a mí.
Los dos nos sentamos al lado de los perros atendiendo que nos llegue tu perfume antes que vos.
El mundo, entonces, volverá a girar.

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