jueves, 20 de junio de 2013

Ya te estaba esperando

Cuando pasaba mis días infantiles, entre libros y lápices, encerrada en  mi cuarto, ya te estaba esperando.
Cuando, por vez primera, alguien posó la mano en la curva delgada de mi vientre, ya te estaba esperando. 
Cuando el año 76 me mordió los talones con sus colmillos de sangre, y huí hacia los territorios helados e imposibles del silencio,  ya te estaba esperando.
Cuando elegí escribir por sobre las zapatillas de punta y los brazos alados, y deseché las tablas, los compases perfectos, las jornadas de pie junto a una barra, el undostrésarriba,  ya te estaba esperando.
Cuando me senté ante una hoja para pensar qué decir, qué sustantivo podría definirlo, qué verbo darle vuelo, qué punto evitar, en qué pronombre hablar, ya te estaba esperando.
Cuando me puse ese vestido u otro y peiné mis cabellos o perfumé mis sienes, para ir a un encuentro, ya te estaba esperando.
Cuando miré  la muerte de frente y perdí la pulseada y tuve que resignar mi risa para seguir viviendo, ya te estaba esperando.
Porque todos los actos parecen destinados a un encuentro, se hacen  piedras sobre ese río que conforman los hechos  a través de los tiempos, se hilvanan como cuentas en un collar de días y descubro, de pronto, que te estaba esperando desde entonces, que es decir desde siempre.

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