sábado, 27 de julio de 2013

205: Siempre

A veces es de noche, y la oscuridad es sedosa y espesa, iluminada apenas por las risas acalladas en la almohada. A veces es de día, y la luz se reparte como un eco entre los pliegues donde el amor se tensa en su tormenta de labios temblorosos. A veces es la tarde, y el sol se azafrana entre las yemas de los dedos para dorar los bordes de los cuerpos abrazados. A veces es ese instante inexistente en todo calendario, y el mundo es una esencia cristalina que se llena de voces en lenguas imposibles, las que hablamos nosotros y nadie más en la extensión extensa del planeta: porque el amor es ese lenguaje que nace, que fructifica en vocablos de corpórea sustancia, de frágil entramado, de deseos fugaces que duran todo el tiempo, de temores efímeros que pierden sus raíces, de mesas con manteles amarillos, de secretos cuando la luz se va por varias horas. El amor es ese vértice en el que tus palabras hallaron a las mías y me entregué a la dicha de empezar a ser dicha por otra boca entonces. Lo demás -lo que digan los sabios que repasan la historia- es hojarasca que mojará la lluvia. Nosotros sabemos que el tiempo es condición cognoscitiva solamente.

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