miércoles, 24 de julio de 2013

Cuando las chicas de Letras cumplen años

Cuando las chicas de Letras cumplen años, se les instala un manchón de melancolía en la mañana. Se preguntan con obsesión qué están haciendo y el alma se les inquieta como un pequeño pájaro asustado. Entonces suspiran con un coeficiente de suspiro/minuto francamente imposible, con lo que poco tiempo les queda para oxigenarse como corresponde y se sienten ahogadas hasta el colmo. A las chicas de Letras, su día de cumpleaños, les organizan un té con masas todos y cada uno de sus fantasmas, y se atosigan de los azúcares envenenados del pasado. Ven todos sus agujeros y carencias, buscan felicidad y alegría durante todas y cada una de sus horas matinales mientras se enjugan lágrimas con los bordes bordados del mantel. Pero, como ellas ya saben de qué viene la cosa, salen a despabilar sus cabellos porque -como bien dijo ayer otra chica de Letras- para princesa triste ya está Rubén. Y se suben y bajan de medios de transporte para ir a ningún lugar, excepto ese en que se disuelven las horas y se encuentra la calma. Cuando regresan, han vuelto a ser lo que antes eran del pozo de la fobia -ese lugar umbrío en que bebía Platero y rompía el espejo de las aguas. Al fin y al cabo, por cada día de cumpleaños, hay trescientos sesenta y cuatro en que la vida es puro libro.

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