sábado, 27 de julio de 2013

El hada de la lectura

"-Anduve entre pilas de libros. Altas hasta el cielo. Y los libros se abrían para dejarme pasar mientras yo los rozaba en sus hojas, como si mis dedos fueran ojos", me dijo. Dije: "-¡Qué curioso! Leemos las hojas con los ojos: hojeamos/ojeamos páginas sin cesar." "-¿No me digas que vos también?" "-Yo, más que nadie." Y saqué mi cosecha de la tarde. Alrededor de cuatrocientas páginas, más las que leí en el transporte de ida y las del de vuelta. "-Es un laberinto", dijo. "-Yo no pretendo salir.", aclaré. Entonces desplegó sus alas y voló por entre los volúmenes que me rodeaban. Desde arriba me gritó que todo estaba bien.

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