La Cartuja de Jerez

Otra vez he ido a la Cartuja. Olga me acompañaba entre las buganvillas y en la Clausura las monjas practicaban un rezo coreográfico, con el sonido de sus cadenas por el piso de losas. Ella no pudo sosportarlo y yo miraba fascinada a las encapuchadas besar un Cristo bizantino. Después nos fuimos a una venta a beber café con leche y pan tostado con oliva y tomate. Todo por bajar esa angustia de oscuridad de España. Y en Osuna nos sumergimos en un café que era marino y había tanto sol que la calle bajaba entre unos toldos, mientras el palacio Govantes era un mármol en ruinas que brillaba en la tarde.

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