martes, 9 de julio de 2013

Medea

Medea se entregó a su destino en brazos de Jasón en el mismo momento en que le entregó, dormido, el dragón que custodiaba el vellocino de oro. En este instante fue una mujer que se olvidó de sí misma y se entregó a la furia desmesurada de su sentir. En el barco del regreso, volvió a llamar a las dioses vengadoras cuando descuartizó a su hermano Apsirto para poder huir junto a los Argonautas. Ella no podía saber, aunque era la hija del sol, que las que se apartan del centro de sí mismas corren el riesgo de terminar con el vientre ensangrentado y la cabeza destrozada por una enceguecida pasión. de esta forma, les hizo creer a las hijas de Pelías que su padre rejuvenecería si ellas lo cocinaban en un caldero y así empezó a labrarse su propia perdidción. Porque  Jasón la condujo a Corinto, donde habitaba Glauca que tenía  la cintura fina y los cabellos como lazos de caoba, Glauca que se dormía en los brazos del hombre como si fuera un pájaro pequeño y que reía al correr entre las viñas y los olivares en flor. Y Jasón, que vio el amor en sus ojos de selva, dejó a Medea sola y perdida mientras, la hechicera aullaba: "Por qué a mí, que hice todo por vos". Ni amigas antiguas ni viejas consejeras pudieron obligarla a mantener la calma y la distancia para obrar con razón. Su corazón era una brasa ardiente que le quemaba la carne y la hacía bramar. Noche a noche invocaba su nombre y maldecía a la otra que dormía en los brazos de quien le había jurado amor. El fuego que la quemaba arrasó lo poco que le quedaba de cordura y, en nombre de ese amor, sacrificó a los dos hijos que había tenido con Jasón. Y la venganza, que dejó al hombre sumido en la agonía de su propia dolor, la dejó huérfana y sin posibilidad de regresar a ningún lugar.

Consejo: Leer Eurípides. De Séneca, mejor ni hablar. En su defecto buscar la versión de Pier Paolo Pasolini y entender a María Callas, que suele ser lo mejor.

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