jueves, 11 de julio de 2013

Origami: el pájaro azul

Tomar un papel azul.  Ni celeste, ni turquesa, debe ser profundamente azul como las aguas del mar vistas hacia la luz. Acariciarlo lentamente para sentir su textura: los bordes coratntes, la suavidad encerada, el revés poroso. Observar los reflejos que la luz  produce sobre la superficie de color. Sacarlo al exterior para mirar su opacidad o su traslucidez. Oler la pasta de celulosa teñida que lo conforma e imaginar el cerezo de donde provino: sus ramas, las hojas, los botones primaverales, los capullos y su intempestiva floración. Sentir con la memoria el dulzor de los frutos morados y desear las manchas en los labios, los dedos, el pecho, los brazos. Solo después comenzar a plegar: crear diagonales apretadas, extenderlas, caer sobre los pliegues con otros pliegues hasta que el papel se vuelva fragmentadas líneas, vectores imposibles. Al acabar se habrá obtenido un delicado pájaro azul. Dicen los que saben que es una grulla, pero se equivocan: es una golondrina de mar.

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