miércoles, 7 de agosto de 2013

Acá

Querido caballero:
El día que usted venga voy a darle mi mejor silla para que esté cómodo. Tengo una bella taza para beber café y una copa de cristal donde servir el vino. De cocinarle no le digo nada porque hace meses que come mi comida y, hasta ahora, no he recibido ni queja ni reclamo sobre el tema. Espero que en este acá pueda sentirse como allá que es más o menos como decir lo mismo o algo parecido. Yo estaré algo inquieta. Siempre me pasa cuando alguien llega, pero después se pasa. Usted ya sabe que tengo algunas pequeñas dificultades -nunca las he ocultado. Así que le pido que si me ve treparme por las sillas restantes, hablar sin detenerme, estrujarme las manos, retorcerme el cabello, decir las mismas cosas varias veces, usted haga como si nada de eso estuviera sucediendo. Es que a veces se me desbocan los caballos de la ansiedad y el temor y si los callo galopan como idiotas sin que nadie los frene. Lo que quiero decirle  es que hace días que intento no darle entidad a mis fantasmas: a esta altura sé que si no los miro terminan disueltos en la nada.  También quiero que sepa que deseo que haya mucho sol para que podamos perdernos en el laberinto sin fin de estas calles y morirnos de risa desplegando las alas para salir por arriba que es como corresponde.
A la espera de tan crucial momento, lo abrazo y lo beso como sé yo hacerlo.
Julieta
PS: Que la noche estrellada lo encuentre otra vez bajo el balcón, pero esta vez de mi terraza que no será Verona pero alcanza.

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