sábado, 31 de agosto de 2013

Después de una noche de viernes

Al mínimo toque, mi corazón se enciende y abre el pecho para que el fuego salga como la pura risa. En las pupilas arden las hojas de la temprana primavera como si fueran flores en las yemas; y se deshace la lengua en que se dicen palabras inusuales. Más antes o después de entonces me ovillo en el aire cálido y soleado que penetra y se estiran mis piernas al roce despierto de los ángeles que cantan. ¿Oíste alguna vez su voz murmuradora sobre los tímpanos? ¿Sentiste su caricia? Así es mi corazón abierto a media noche y los jazmines son tazones de leche que bebo lentamente. En Ceylán, los limones son de oro a esta hora y nosotros viajaremos para tomarnos una foto en esas playas en donde dormiremos abrazados -como ahora- a la luz de una luna budista y de imprecisa sintaxis. Ni en tu idioma ni el mío habrá palabras que nos cierren la alegría.

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