sábado, 17 de agosto de 2013

Hablemos de sexo

Hablemos de sexo: 
eso que sucede cuando la ternura se hace cuerpo, 
y se expone al abrazo, 
concreta, 
ineludible, 
desgajada en la piel que pliega su tibieza. 
Cuando la luz se agosta 
y quema, transparente, 
y no se ve otra cosa que no sea deseo 
y las manos se buscan 
y mientras tanto el mundo, gira ciento ochenta  
y no se halla porque nos ha perdido. 

Hablemos de sexo: 
y las pestañas son los palotes de André Bretón 
y cubren la mirada 
que mira para dentro 
y refleja sus luces en un ardido espacio 
que es un rincón oscuro,  
besado por las bocas. 
Y las mordidas cruzan pendientes, 
y se asoman a un vértigo 
que abre las junturas, 
que doblega los miedos, 
que sutura fragmentos. 

Hablemos, 
pero que sea siempre después, 
así el signo escribe significantes propios: 
imágenes acústicas, 
visuales, 
olfativas; 
imágenes de tacto, 
y de papilas 
con que denominar eso de lo que hablamos 
cuando el mar se estremece y la luna se duerme.

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