sábado, 10 de agosto de 2013

La enredadera

En esa casa que es la vida que una ha construido yo he decidido todo: el color de mis puertas, la dirección en que la luz del sol deseaba que llegara, las sábanas, los gastos cotidianos, los hijos, la carrera y sus infinitas ramificaciones. He llegado a habitarme, extensa y frondosa, como una enredadera que no consulta por dónde dar sus hojas con la tierra o el muro. Pudo haber sido peor y sin embargo sobrevivo. De tanto arañar mis decisiones no hubiera podido imaginar que hablar es un milagro, que las palabras saltan como piedras de colores en el agua, hacen sapitos, comparten la alegría de vencer sus propias gravedades y costumbres, que van y vuelven de una boca a otra y se repletan de emocionada savia. Eso quiero decir- y no me sale-: hoy ha pasado algo importante y ahora es pura luna sobre una decisión que compartimos.

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