jueves, 1 de agosto de 2013

Los tallos

A medianoche apago la casa y me acuesto con mi memoria, que es prodigiosa y teje sueños. Sobre mi almohada quedan los animales que se escapan y una calle angosta donde el atardecer es rojo y sangra. He aprendido algunas cosas: esas huidas (las mías) solo tienen que ver con mis relatos, y son tules bordados con estrellas de hielo. Camino por veredas infinitas adonde todos los temores se acumulan sobre la iterativa costumbre del comienzo. Y nadie dice los secretos que se esconden en los húmedos pliegues del corazón que canta.

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