lunes, 26 de agosto de 2013

Mapas

Regreso.
Y la casa está fría.
Vacía.
Y sola
-con esa soledad del que no tiene tiempo ni para ovillarse a la espera del día-.
Si tuviera más datos, diría que ya no vivo aquí.
No logro encontrar el último sitio donde dejé la taza, ni la sombra de mi pasar, ni el cítrico perfume de mi pelo.
Aquel lenguaje -el que yo mantenía con cada una de mis cosas- no lo habla nadie.
Los rincones dejan sus lenguas inmóviles y me llaman con su mirada anhelante.
No hay piélago más hondo para naufragar.
Sin territorio, deambulo por los mapas que compro obsesivamente para hallar mi lugar. 
Pero,
las rutas bordean mis paredes sin dejarme llegar.

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