jueves, 29 de agosto de 2013

Rumbo al sur

En los suburbios de esta noche pasó un tren con sus ventanas amarillas llenas de luces como flores prendidas.  Y vos y yo íbamos en un vagón  que tenía las puertas como el latido de un corazón contento, retenido en su selva profunda de alegrías. Yo tenía en la falda unos bizcochos que había amasado con harina e íbamos comiéndolos de a poco, miga por miga, mientras nos contábamos historias que nos hacían morir a carcajadas por un rato. Después, volvíamos a los panes y resucitábamos inmediatamente para seguir con nuestros cuentos. Por la ventana se veían brillar las montañas con sus mariposas de aire que iban hacia el sur, y vos y yo nos asomábamos para verles las alas y cantábamos para que ellas nos dijeran cómo era el camino. Queríamos llegar antes que el pan se acabara, para bajar junto a las piedras y almorzar unos peces que fueran pedazos plateados de la luna en el agua. Entonces, vos sacaste tu brújula de vidrios de colores y allí estaba el lago, pintado con  su boca traslúcida. Entonces nos dormimos,  el tren subió hasta la orilla y armamos una tienda en nuestros sueños.
(Empiezo a soñar el mes de enero)

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