sábado, 17 de agosto de 2013

Sábado a la noche en zona Sur

He amasado pensando, mientras la voz de él sonaba afuera. Estaba hablándole a los perros o tal vez a sí mismo, o quizá susurraba sus canciones en francés. Lenta la noche se ha trepado por la medianera y ya cayó. Antes había ido al mercado y paseé entre las góndolas buscando harina y levadura. Cuando volví a casa, el cielo del sur estaba fosforescentemente azul y la luna colgaba como una piedra. En un rato, él dejará sus herramientas y entrará. Yo encenderé el fuego, estiraré la masa y la pondré a hornear. Como siempre, antes de dormir, él me hará reír y mi sueño se llenará de barcas y peces dorados que nadan como sonrisas a favor de los vientos. En su abrazo atravesaré la honda marejada del amanecer y emergeré a la superficie como una sirena salpicada de pura espuma. Habré confirmado el axioma de que la buena vida es de una completa simplicidad.

1 comentario:

Spaghetti dijo...

viajo dulcemente hipnotizado en la simple profundidad de tus letras.
un bsazo.

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