Domingo: día 242

Saqué la silla y me senté a ver pasar el día. 
Y pasó.
Traía un sol amarillo y brillante, un recuerdo de terrones de tierra entre las manos, un viaje en bicicleta, unas flores de colores vibrantes, la piel estremecida, el agua fresca que preanuncia el verano, un cielo azul y la mesa tendida.
Cuando llegó la noche, me di cuenta de qué sentido tuvo entonces la vida.

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