martes, 10 de septiembre de 2013

El otro 11 de septiembre: 1973

Cuarenta años ya. Yo usaba trencitas y ese día empecé a militar. Recuerdo la Plaza de los Dos Congresos, llena como no volví a verla nunca más. Y a los compañeros del ERP con la cara tapada y el fierro asomándoseles por la cintura. Recuerdo que fueron días y días de marcha. Yo iba con mis compañeros del Colegio y ese día vi por primera vez a Julián. A los pocos días supimos que Pablo Neruda se había muerto de pena y desolación. Después, unos meses más tarde, mis padres alojaron en su casa a un hombre menudo y cetrino al que nos dijeron que le dijésemos tío Luis. Un tipo de la embajada de la República Democrática Alemana le hizo una cédula color celeste y un pasaporte que parecían de verdad. El tío Luis se reía y decía con su inocultable tono chileno. "Ustedes me toman para el fideo" cuando mis hermanos se burlaban de él. Yo le escribí un poema que se hizo microfilmar y se llevó con él. Ese golpe fue el comienzo o tal vez allí empezaba el final. Después, América se hizo jirones y se prendió lentamente en llamas. Veíamos, con ojos arrasados de lágrimas, el Estadio Nacional y los cabrones de los carabineros y nos decíamos que no podía ser. La violencia empezaba a larvarse como una serpiente adentro de su huevo hace ya cuarenta largos años. Después supimos muchas cosas y otras tantas nos tocaron vivir. La cordillera es una vena abierta que, a uno y otro lado, todavía sangra llamando a los muertos que no sabemos donde están. Cuarenta años que gota a gota se destilaron sin justicia ni respuesta allí. La memoria es un brillo que mantiene alzada la mirada y no se cierran los ojos Nunca Más.

1 comentario:

Carlos Podesta dijo...

no se si decir que esto me gusto o simplemente darte las gracias por los recuerdos que revolviste.

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